La pérdida del espacio personal y la importancia de que “te des tu lugar”.

A veces sentimos que estamos en el lugar correcto –incluso en el momento preciso-, como si el espacio y el tiempo se entrelazaran formando un nido donde recibirnos. Pero la mayor parte de las veces no es así.

Nos pasamos gran parte de nuestro tiempo buscando nuestro espacio…

La vida es un proceso. Tenemos que asumirlo. Así que no siempre estaremos en la mejor situación, pero aunque estemos en un proceso de continuos cambios, necesitamos descansar, repostar, recuperar energías… y volver -aunque sea por un momento- a sentir estabilidad y seguridad, a sentir que estamos en lugar conocido, que estamos en nuestro sitio.

Y podemos estar en nuestra propia casa y no encontrar nuestro sitio.

Nuestro hogar es un reflejo de quiénes somos y de cómo estamos. Cuando nos encontramos confusos o perdidos lo estamos también en nuestra casa, que se convierte no en algo que nos sostiene sino en algo que tenemos que sostener. ¿Te suena? Es otra versión de la pescadilla que se muerde la cola.

Antes lo decía… aunque estemos inmersos en un proceso de cambios, es importante que descansemos y recuperemos energía para poder seguir el viaje, y para ello es necesario volver a nuestro lugar. Como en ese juego que jugábamos de pequeños, el “pilla-pilla”, en el que corríamos y nos atrapábamos unos a otros y en el que –afortunadamente- había un lugar que era “casita”, un lugar sagrado: fuera éramos más vulnerables pero “en casita” estábamos seguros y podíamos descansar.

Mi hijo mayor (¡que no es tan mayor… está recién entrando en la mayoría de edad!), acaba de volver del Camino de Santiago, y una de las cosas que le he oído decir varias veces es que al final de cada etapa cuando llegaba al albergue declaraba que ese era su hogar, y que el lugar donde estaba su cama y sus cosas era su espacio personal. Y no importaba que fuese sólo por un día, lo importante es que llegaba a su sitio, que tenía un lugar.

Esta sensación es la que te permite desconectar y descansar. Y no sólo eso, también es la que te permite disfrutar del camino.

Hay muchas personas, y lo he visto especialmente en mujeres, que sienten que no tienen su espacio personal. Ni en su casa. Quizás su pareja tenga un escritorio, un taller, un espacio para sus cosas, o sus hijos un lugar especial para jugar o estudiar, y ella esté en todos lados y en ninguno a la vez. Es la que sabe dónde poner todas las cosas pero a veces no sabe dónde ponerse ella, y acaba trabajando en la mesa de la cocina –por supuesto en los ratos en los que ésta no se usa para otra cosa…

Hmmmm… eso no ayuda. Genera agotamiento y más confusión.

¿Podemos cambiar esto? Sí. ¡Empecemos por recupera nuestro espacio! Aunque sea un pequeño rincón. Porque delimitar un lugar personal en nuestra casa es simbólicamente delimitar un lugar personal en este mundo. Nos da confianza y nos invita a ser nosotros mismos.

Cuando creamos nuestro pequeño espacio personal, estamos definiendo un rincón que es como la “casita” de nuestros juegos de infancia, un rincón donde vamos a traer a la memoria esa sensación de descanso y seguridad, un rincón donde vamos a recargarnos de energía. De esa energía que necesitamos para abordar los cambios.

Y no olvidemos algo importante:

no se trata tanto de “reclamar nuestro lugar”

como de “darnos nuestro lugar”.

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